Refugiado sirio encuentra un puerto seguro en Hamburgo

Publicado el 19/02/2020
Etiquetas: ACNUR, Conflicto Siria, Refugiados

La primera vez que Majed Al Wawi pasó por la terminal de contenedores de Hamburgo, se sintió intrigado por los grandes barcos y las grúas.


Entonces, cuando un maestro le sugirió que solicitara una pasantía en el puerto, el refugiado sirio aprovechó la oportunidad.

“Ese primer día fue sorprendente”, dijo el joven de 21 años. “Estaba realmente motivado… Mi sueño siempre fue trabajar con grandes máquinas… Cuanto más grande es la máquina, más divertido es operarla”.

Majed huyó de la guerra en Alepo, Siria, en 2015 cuando tenía solo 17 años, dejando atrás a sus padres y cinco hermanos menores. Después de un viaje de 28 días, llegó a la frontera alemana.

Ahora, como aprendiz de la empresa de logística Hamburger Hafen und Logistik AG (HHLA), Majed está aprendiendo a reparar las grúas de 2.000 toneladas en Burchardkai, la terminal de contenedores más grande y antigua de la ciudad portuaria.

“Estaba realmente motivado… Mi sueño siempre fue trabajar con grandes máquinas”.

Encontrar trabajo es a menudo un paso vital para los refugiados como Majed, ya que adoptan nuevas vidas en los países de acogida. Muchos sectores en Alemania ofrecen oportunidades para los recién llegados al tiempo que llenan los vacíos en el mercado laboral del país.

A su llegada a Hamburgo, Majed se mudó a un albergue para menores no acompañados. A los pocos meses, regresó a la escuela y comenzó a estudiar alemán.

“Aprender el idioma es la clave de una sociedad”, dijo Majed, con un alemán fluido. “Si puedes dominar el idioma, puedes seguir adelante con tu vida”.

  • El refugiado sirio Majed Al Wawi es fotografiado en St. Pauli Landing, cerca de su lugar de trabajo, terminal de contenedores Burchardkai en el puerto Hamburgo HHLA.
    El refugiado sirio Majed Al Wawi es fotografiado en St. Pauli Landing, cerca de su lugar de trabajo, terminal de contenedores Burchardkai en el puerto Hamburgo HHLA.  © ACNUR / Gordon Welters

Majed realizó pasantías con HHLA y el verano pasado le ofrecieron un lugar en el prestigioso programa de capacitación vocacional para ingenieros del puerto.

La pasantía era una buena opción para Majed. Había trabajado en la empresa de construcción de su familia en Alepo desde los 13 años cuando la guerra obligó a cerrar su escuela. Pero el trabajo también era nuevo. En Siria, nunca había visto el mar, mucho menos un puerto.

Hamburgo es el tercer puerto más grande de Europa y HHLA opera tres de sus cuatro terminales de contenedores. Majed lleva ahora seis meses en su período de prácticas con el operador de la terminal como ingeniero mecatrónico, un campo que combina la ingeniería eléctrica, informática y mecánica.

Está aprendiendo a reparar las grúas que descargan contenedores de gigantescos buques de carga atracados en el río Elba. También mantiene las grúas automáticas montadas en rieles que levantan contenedores del almacenamiento temporal para transferirlos a trenes y camiones.

“No nos fijamos en el origen de nuestros alumnos”.

HHLA está capacitando a otras personas que han huido de sus países de origen, aunque no existe un programa específico para refugiados.

“No nos fijamos en el origen de nuestros alumnos”, dijo el jefe de capacitación y desarrollo de HHLA, Jan Wehlen.

Majed dice que se siente como en casa en el puerto y se lleva bien con sus colegas.

“Todo el personal es muy amable conmigo”, dijo. “Es muy divertido”. Los colegas también elogiaron el trabajo de Majed.

Durante los próximos tres años, los alumnos también deben aprender a programar los sistemas informáticos que supervisan la terminal altamente automatizada. Eventualmente, algunos candidatos serán asumidos como empleados permanentes.

Sería un sueño hecho realidad para Majed. Y sin embargo, cuando piensa en el futuro, con su familia todavía en Siria, dice que es difícil no sentirse desgarrado.

“Si tengo una buena vida aquí, me quedaré”, dijo Majed. “Y Hamburgo es una ciudad realmente genial. Pero creo que todos anhelan el lugar en el que crecieron”.

Fuente: ACNUR